Desde entonces hasta ahora los cambios son sutiles, pero para un ojo avisado resultan detectables. En algunas de sus obras de microformas geometrizadas, las variantes colorísticas son tan breves que recuerdan una frase de Ricardo palma "de puro imperceptible recordaba el galope de un caballo de copas." No se llegan a estos destellos de preciosismo sensible sin haber pasado por férreas disciplinas como las que suponen haber frecuentado los talleres de maestros de la talla de Carlos Gorriarena, Cármen D'Elía y Néstor Cruz.

La punta del ovillo para desentrañar el arte de garrido ha de buscarse en un refinamiento óptico capaz de asimilar los logros de Klee con las bellezas de imágenes precolombinas de las que Klee también supo sacar provecho.
Círculos, pequeños cuadrados, triángulos, guardas a partir de esos elementos lo esencial es imprimirles la vibración anímica al creador.

Para que ello sea posible, es necesario haber interirizado el color, cada matiz, cada forma, como para poder plasmarlas sobre la tela como una emanación de la propia personalidad.
Si así no fuese, quedarían enlo puramente decorativo, algo que preservan, pero unido a las vivencias metafísicas de Garrido.
La cultura visual como la musical deben de haber encarnado de tal modo al artista que se tornan expresiones de su más íntimo yo.

Esto es para mí, lo meas importante del arte que nos muestra José Ignacio, los hallazgos de su psiquis que ha explorado con éxito las grandes incógnitas de los seres humanos, finitos, en aquello que tenemos de infinito.
 Decía Federico Von Schlegel que el arte tiene como meta despertar la vocación sobrenatural del alma humana.

El arte de José Ignacio garrido cumple, en épocas de penumbra con el alto contenido de mostrarnos el camino de la luz.

Rafael Squirru
Buenos Aires, junio de 2006

(volver)

 
Versión Español
English Version